Un consultorio dental de nueva construcción necesitaba resolver un problema que muchas prácticas de salud enfrentan: ventanales amplios, expuestos de lleno al sol por las tardes, en un espacio donde tanto el equipo como los pacientes pasan horas cada día. La solución tenía que cumplir dos cosas al mismo tiempo, controlar la luz y el calor sin sacrificarla por completo, y mantener el consultorio con un aspecto higiénico sin caer en un ambiente frío o clínico. Un tercer ventanal en esquina, conectado directamente con el frente principal, sumaba una dificultad adicional para lograr un acabado uniforme.

